Universidad
de barcelona
Facultad
de Bellas artes
Narracion
grafica e ilustracion
Ejercicio
#02. Narracion literaria partiendo de un elemento dado.
Duroux
Fanny
Un
viejo pescador tenía por costumbre de mirar el mar cada mañana al
despertar. Podía estarse horas al borde del mar preguntandose cuándo
llegaria su hora. Cernia sus pensamientos al ritmo agitado del mar.
Ya no podía regresar al mar, este le había tomado a sus hombres y
su barco: estaba a lo ancho con su tripulación aquel día, allí,
durante la famosa tempestad, al final sólo el había sobrevivido.
Desde entonces ahogaba su espíritu en la inmensidad azul frente a
él.
Un
día, un niño que pasaba no lejos de él, se paró y vino
inocentemente sentarse cerca del viejo. Ninguno dijo nada y se no
cambiaron ninguna mirada. En los días siguientes, la misma cosa
paso, luego poco a poco, comenzaron a echarse miradas breves, como
para asegurarse uno al otro que al día siguiente todavía serán
allí, en el mismo sitio. Un mes pasó, luego dos, luego tres, la
sola cosa que cambiaba era el espesor de sus ropas que seguían la
temporada.
El viejo había encontrado un cierto consuelo por la presencia muda del niño pero sus días fueron contados.
El viejo había encontrado un cierto consuelo por la presencia muda del niño pero sus días fueron contados.
Una
bella mañana, llegó un poco más tarde que previsto, el niño le
esperaba pacientemente sentado frente al mar. En el momento de irse,
por primera vez desde su encuentro, el viejo pescador sonrío al niño
y le saludó de un movimiento ligero de cabeza. El niño estuvo
sorprendido pero no se imaginó el significado de tal cambio de
comportamiento. Al día siguiente, el hombrecito esperó cada mañana,
pero nadie vino, ni ese día, ni los días siguientes. Comprendió
entonces el adios del abuelo.
Se dice que el mar no le había tomado nada a él, pero que el tiempo le había robado a un amigo.
Se dice que el mar no le había tomado nada a él, pero que el tiempo le había robado a un amigo.




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