samedi 4 janvier 2014

Ejercicio #10


Ejercicio #05


Ejercicio #09

AGUA DEL DIA

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Ejercicio #07


Ejercicio #04







Ejercicio #02


Universidad de Barcelona

Facultad de Bellas artes

Narracion grafica e ilustracion

ejercicio #02. Narracion literaria partiendo de un elemento dado.

Mériaux Laurette

- El hombre camaleón -


En Egipto, en la playa del Mar Rojo.

El hombre en la playa odio la playa y todo lo que va con ella. Odia a los trajes de baño, toallas de playa, paraguas, protector solar, snacks, niños, crucigramas. Él ama a los granos de arena bajo sus uñas, la sal en los ojos, el sol en su piel y el viento en el pelo despeinado.
En un rincón de la playa allí disfrutar del mar, a su manera, deslizándose por completo bajo la suave arena para cubrir cada parte de su piel está cubierta con un grano de arena. Al igual que en un edredón escucha el silencio de la tierra.
Él se sienta allí y respirar. Se espera que la lluvia, el agua dispersa en miles de pequeñas gotas que se lave la piel con arena. y darle un nuevo nacimiento.
Una vez que regresó como nuevo órgano, que se desliza lentamente en el Mar Rojo que se deje llevar por las olas. Ligero como una pluma sobre la superficie del agua, le encanta cuando el sol está cortejando a su piel y cuando la sal se encuentra con sus ojos. La sensación de flotar da la impresión de estar realmente invisible, que a veces le hace a la tristeza absoluta. Es por eso que de vez en cuando se siente la necesidad de sacudir toda su fuerza y correr unos segundos en el fondo del mar
Y así fue solo, toalla de playa, sombrilla, boya y niños.


Ejercicio #03


Universidad de barcelona
Facultad de Bellas artes
Narracion grafica e ilustracion
Ejercicio #02. Narracion literaria partiendo de un elemento dado.
Duroux Fanny



Un viejo pescador tenía por costumbre de mirar el mar cada mañana al despertar. Podía estarse horas al borde del mar preguntandose cuándo llegaria su hora. Cernia sus pensamientos al ritmo agitado del mar. Ya no podía regresar al mar, este le había tomado a sus hombres y su barco: estaba a lo ancho con su tripulación aquel día, allí, durante la famosa tempestad, al final sólo el había sobrevivido. Desde entonces ahogaba su espíritu en la inmensidad azul frente a él.
Un día, un niño que pasaba no lejos de él, se paró y vino inocentemente sentarse cerca del viejo. Ninguno dijo nada y se no cambiaron ninguna mirada. En los días siguientes, la misma cosa paso, luego poco a poco, comenzaron a echarse miradas breves, como para asegurarse uno al otro que al día siguiente todavía serán allí, en el mismo sitio. Un mes pasó, luego dos, luego tres, la sola cosa que cambiaba era el espesor de sus ropas que seguían la temporada.
El viejo había encontrado un cierto consuelo por la presencia muda del niño pero sus días fueron contados.
Una bella mañana, llegó un poco más tarde que previsto, el niño le esperaba pacientemente sentado frente al mar. En el momento de irse, por primera vez desde su encuentro, el viejo pescador sonrío al niño y le saludó de un movimiento ligero de cabeza. El niño estuvo sorprendido pero no se imaginó el significado de tal cambio de comportamiento. Al día siguiente, el hombrecito esperó cada mañana, pero nadie vino, ni ese día, ni los días siguientes. Comprendió entonces el adios del abuelo. 
Se dice que el mar no le había tomado nada a él, pero que el tiempo le había robado a un amigo.