samedi 4 janvier 2014
Ejercicio #02
Universidad
de Barcelona
Facultad
de Bellas artes
Narracion
grafica e ilustracion
ejercicio
#02. Narracion literaria partiendo de un elemento dado.
Mériaux
Laurette
- El hombre camaleón -
En Egipto, en la playa del Mar Rojo.
El
hombre en la playa odio la playa y todo lo que va con ella. Odia a
los trajes de baño, toallas de playa, paraguas, protector solar,
snacks, niños, crucigramas. Él ama a los granos de arena bajo sus
uñas, la sal en los ojos, el sol en su piel y el viento en el pelo
despeinado.
En
un rincón de la playa allí disfrutar del mar, a su manera,
deslizándose por completo bajo la suave arena para cubrir cada parte
de su piel está cubierta con un grano de arena. Al igual que en un
edredón escucha el silencio de la tierra.
Él
se sienta allí y respirar. Se espera que la lluvia, el agua dispersa
en miles de pequeñas gotas que se lave la piel con arena. y darle un
nuevo nacimiento.
Una
vez que regresó como nuevo órgano, que se desliza lentamente en el
Mar Rojo que se deje llevar por las olas. Ligero como una pluma sobre
la superficie del agua, le encanta cuando el sol está cortejando a
su piel y cuando la sal se encuentra con sus ojos. La sensación de
flotar da la impresión de estar realmente invisible, que a veces le
hace a la tristeza absoluta. Es por eso que de vez en cuando se
siente la necesidad de sacudir toda su fuerza y correr unos segundos
en el fondo del mar
Y
así fue solo, toalla de playa, sombrilla, boya y niños.
Ejercicio #03
Universidad
de barcelona
Facultad
de Bellas artes
Narracion
grafica e ilustracion
Ejercicio
#02. Narracion literaria partiendo de un elemento dado.
Duroux
Fanny
Un
viejo pescador tenía por costumbre de mirar el mar cada mañana al
despertar. Podía estarse horas al borde del mar preguntandose cuándo
llegaria su hora. Cernia sus pensamientos al ritmo agitado del mar.
Ya no podía regresar al mar, este le había tomado a sus hombres y
su barco: estaba a lo ancho con su tripulación aquel día, allí,
durante la famosa tempestad, al final sólo el había sobrevivido.
Desde entonces ahogaba su espíritu en la inmensidad azul frente a
él.
Un
día, un niño que pasaba no lejos de él, se paró y vino
inocentemente sentarse cerca del viejo. Ninguno dijo nada y se no
cambiaron ninguna mirada. En los días siguientes, la misma cosa
paso, luego poco a poco, comenzaron a echarse miradas breves, como
para asegurarse uno al otro que al día siguiente todavía serán
allí, en el mismo sitio. Un mes pasó, luego dos, luego tres, la
sola cosa que cambiaba era el espesor de sus ropas que seguían la
temporada.
El viejo había encontrado un cierto consuelo por la presencia muda del niño pero sus días fueron contados.
El viejo había encontrado un cierto consuelo por la presencia muda del niño pero sus días fueron contados.
Una
bella mañana, llegó un poco más tarde que previsto, el niño le
esperaba pacientemente sentado frente al mar. En el momento de irse,
por primera vez desde su encuentro, el viejo pescador sonrío al niño
y le saludó de un movimiento ligero de cabeza. El niño estuvo
sorprendido pero no se imaginó el significado de tal cambio de
comportamiento. Al día siguiente, el hombrecito esperó cada mañana,
pero nadie vino, ni ese día, ni los días siguientes. Comprendió
entonces el adios del abuelo.
Se dice que el mar no le había tomado nada a él, pero que el tiempo le había robado a un amigo.
Se dice que el mar no le había tomado nada a él, pero que el tiempo le había robado a un amigo.
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